Futuro para la Niñez en convenio con la Fundación San Isidro inició en 1988 la asesoría a las comunidades de Montelíbano y Puerto Libertador. Para 1994 cuatro educadores comunitarios atendían 79 comunidades entre urbanas y rurales, 54 en forma directa y 25 en forma indirecta.
Se sumó a este proyecto el convenio con la Corporación Caritativa La Candelaria, con quienes se amplió la cobertura a 89 comunidades, y se asignó un educador comunitario más. Este convenio finzalizó en diciembre de 1999.
Actualmente los programas comunitarios continúan desarrollándose con líderes naturales de cada comunidad.
Durante estos años se obtuvieron excelentes resultados, los que fueron reconocidos por la comunidad en sus testimonios, de ellos se resaltan los siguientes:
- La capacitación suministrada a los educadores comunitarios que atendían indirectamente a las comunidades.
- La generación de autoconfianza en las personas que participan del proceso, confían más en sus capacidades personales y quieren asesorar a otras comunidades. Son sus palabras: “Futuro para la niñez sembró la semilla, ahora nos toca a nosotros regarla y cuidarla para que dé frutos”.
- Mejor planeación, ejecución y gestión de recursos para sus proyectos.
- Las comunidades aprendieron a realizar actividades conjuntas y de integración para mejorar sus relaciones.
- Expresaron: “hemos aprendido a comportarnos diferente en la comunidad, frente a la familia y ante nosotros mismos”.
En el ámbito socioeconómico también obtuvieron grandes logros, como los siguientes:
- Capacitación en diferentes artes y oficios como agricultura, culinaria, panadería, modistería, entre otos.
- Ejecución de proyectos de infraestructura: tazas sanitarias, construcción y reparación de escuelas, reparación de vías, construcción de acueductos veredales, restaurantes escolares, electrificación, bibliotecas escolares, etc.
- Implementación del programa Núcleos Rurales Solidarios. Programa de crédito fácil y barato para el campesino.
El trabajo realizado por la Corporación Futuro para la Niñez en la zona contribuyó a mejorar la calidad de vida en estas comunidades, permitiendo que hicieran un uso racional de los recursos propios y que accedieran a los recursos de otras entidades y del Estado.
Igualmente generó una nueva dinámica en las relaciones entre las comunidades y las entidades públicas y privadas. Los recursos llegan por solicitud de la gente de las veredas y no por imposiciones que perjudicaran las relaciones entre sus habitantes.
El proceso educativo involucró de igual forma a adultos, jóvenes y niños de ambos sexos, lo que se evidenció en la ejecución de actividades de diferente índole: deportiva, recreativa, cultural y económica.
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