Principios

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Para fortalecer las organizaciones sociales y comunitarias, dejando capacidades instaladas y posibilitando la autodeterminación, la autogestión y la autoconfianza, y para promover la construcción de capital social como elementos fundamentales para el desarrollo integral del país, los principios rectores de todas las acciones que generamos o acompañamos en FUTURO, son los siguientes:
  

El bienestar y los derechos de la niñez

Para suscitar, conseguir y mantener el progreso de una comunidad, el centro de motivación y la finalidad de todos nuestros esfuerzos es la búsqueda colectiva, colaborativa y permanente del BIENESTAR DE LA NIÑEZ, para identificar y superar con los mismos miembros de cada comunidad, las causas que lo entorpecen o dificultan.

Por tanto, es preciso impulsar las condiciones para que las personas jóvenes y adultas que rodean a la niñez, puedan reconocer sus propias potencialidades; participar, conocer y ejercer sus deberes y derechos ciudadanos y, a la vez reconocer y defender los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes –tanto los postulados de la Convención de la Asamblea General de Las Naciones Unidas de 1989, ratificada en Colombia por medio de la Ley 12 de 1991, como el marco legislativo nacional–, todos ellos, factores esenciales para que puedan incidir protagónicamente en los procesos y dinámicas sociales que los involucran.

Así, el bienestar y los derechos de la niñez quedan en evidencia cuando los jóvenes y los adultos tienen la posibilidad real de analizar, cuestionar y proponer acciones concretas para transformar la realidad social, familiar y comunitaria. Esto, entonces, requiere el diseño de estrategias de participación acordes con las necesidades y particularidades del propio entorno.

Tras más 50 años de trabajo comunitario, podemos afirmar que, para la gran mayoría de las comunidades, el bienestar de la niñez es la motivación más fuerte para lograr un esfuerzo colectivo; la que origina la participación y la búsqueda de un futuro mejor para todos. Además, en la mayoría de ellas las personas son conscientes de que es responsabilidad de los jóvenes y adultos generar entornos en los que se garantice el derecho de la niñez y la adolescencia a vivir dignamente, en condiciones propicias para el desarrollo de todas las dimensiones de su existencia.
  

El profundo respeto por la dignidad humana

El máximo respeto por el ser humano consiste en confiar en su inteligencia, sus talentos, sus aptitudes y sus capacidades para gestionar su desarrollo. En ese sentido, consideramos que toda acción social debe propiciar la emergencia de las potencialidades que tienen las personas y las comunidades para participar en la construcción de entornos cada vez más pacíficos, incluyentes y en armonía con el ambiente.

Esta concepción del trabajo comunitario valora la diversidad y la autonomía; al mismo tiempo, reconoce la importancia del contexto personal, social y cultural de quienes viven la experiencia. Por ello, cuando en FUTURO creamos espacios o estrategias de transformación social, nuestro principal interés es lo que les ocurre a los integrantes de la comunidad: sus reflexiones, expectativas y motivaciones.

Involucrar al ser humano en la práctica social, significa verlo y oírlo en todas sus dimensiones. Esto se logra más fácilmente cuando se propician espacios de aprendizaje y colaboración en donde los participantes se sienten escuchados y pueden expresar, confiados, todas sus aspiraciones, necesidades y motivaciones, pero también todas las dudas y temores que impiden su conexión con los objetivos de desarrollo que requiere su territorio.

El objetivo final de Futuro para la Niñez es estimular al ser humano para que, por medio del trabajo comunitario, desarrolle progresivamente cualidades, habilidades, conocimientos, valores y actitudes que le faciliten a él, a su descendencia y a su comunidad, vivir de forma digna y alcanzar Paz, Educación y Desarrollo.
  

La mínima intervención y el no paternalismo

Es natural que cuando alguien tiene deseos de apoyar y ayudar a otras personas, quiera inmiscuirse al máximo para ver efectos rápidos. Sin embargo, la experiencia nos ha demostrado que siguiendo ese camino se llega pronto al fracaso, puesto que los recursos que vienen de afuera se agotan, porque en muchas ocasiones las propuestas de solución no son pertinentes o sostenibles o porque se deja a las comunidades sin identificar ni activar sus propios recursos y capacidades.

En FUTURO, la mínima intervención se traduce, entonces, en realizar solo la estricta intervención que sea necesaria; en no hacer por las personas o comunidades lo que puedan hacer por ellas mismas, y en la máxima autoayuda para que logren sus propios objetivos.

Por su parte, el no paternalismo nos lleva a no propiciar o permitir actitudes de superioridad o inferioridad, por parte de unos individuos y grupos hacia otras personas o colectivos: ni aquellas de predominio para satisfacer necesidades o regular conductas ajenas, ni las de sumisión para permitir que otras personas asuman el control.

Las actitudes paternalistas y las intervenciones excesivas coartan la libertad y autonomía de quienes reciben algún tipo de acompañamiento, lo que impide despertar en ellos su sentido de pertenencia y compromiso, su empoderamiento y su capacidad de autogestión. Además, genera dependencia, lo que refuerza los liderazgos autocráticos de curso tan nefastos en la acción comunitaria.

Este principio de actuación se asocia con el de respeto a la dignidad humana, al considerar que el desarrollo comunitario solo es posible cuando la comunidad actúa unida para buscar y conseguir sus propias soluciones.
  

La imparcialidad y la neutralidad

El principio de imparcialidad implica una acción social que no favorezca exclusivamente a alguien o a un subgrupo determinado, sino que sea: equitativa; libre de actitudes de imposición (de lo que el gestor social, el educador comunitario o las personas o instituciones que apoyan consideren que sería lo conveniente para la comunidad); desprovista de otras de discriminación (por raza, etnia, sexo, género, credo o ideología, entre otras razones), y solo en función de las necesidades que sean identificadas y priorizadas con los mismos miembros de la comunidad, con total respeto hacia su autonomía en la reflexión, decisión y acción.

Ello va de la mano de la neutralidad, principio que entendemos como el realizar nuestros programas y proyectos de tal forma que no sean interpretados como favorables o inclinados hacia un solo subgrupo en detrimento de los otros, y mucho menos en favor de intereses particulares distintos a los de la misma comunidad.
  

La no interferencia cultural

Aprovechar la oportunidad única de la cooperación voluntaria para el bien común; adquirir conocimientos del mundo cercano y lejano, de sus logros y sus potencialidades para seguir el progreso colectivo; realizar cambios en los valores y patrones culturales y sociales que beneficien a la comunidad, y darse cuenta de la importancia del bienestar de la niñez para la mejora de la calidad de la propia existencia, pueden y deben ser logros alcanzados por medio de la selección libre y adecuada de proyectos formulados y gestionados por la misma comunidad, con la asesoría de FUTURO pero sin imposiciones o interferencias sobre la cultura colectiva.

En ello subyace el no hacer juicios con respecto a las creencias, manifestaciones, valores o patrones culturales que demeriten a las comunidades o que impongan la propia cultura por considerarla mejor y más conveniente que la de los demás.

En FUTURO, el gestor social tiene que comprometerse con cada comunidad: con sus reflexiones, con sus decisiones, con sus proyectos, con su crecimiento, con su entorno.  No para ser uno de ellos. No para transmitirles otra cultura. No para desdibujar su identidad. Sí para estimularlos desde el redescubrimiento de su propio ser y su propia conciencia, hasta la recreación de su propio entorno total, mediante el perfeccionamiento de sus valores y capacidades.
  

Reacción en cadena y el efecto demostrativo

La demostración tal vez sea la manera más efectiva de convencer a una comunidad de que, al igual que otras, ella puede emprender con éxito un proyecto deseado.

De ahí que los logros conseguidos por proyectos asociativos o cooperativos, no solo son el preludio del progreso significativo de un grupo de personas al descubrir sus potencialidades, al empoderarse de sus procesos y al ganar autoestima y autoconfianza, sino que también lo son para otros grupos y colectivos que, mediante la observación y el diálogo con quienes han cumplido sus objetivos, son motivados por el bienestar ya alcanzado por otros.

Así, los proyectos comunitarios tienen un valor demostrativo y multiplicador del esfuerzo para toda la comunidad y, por imitación, desencadenan nuevas iniciativas y oportunidades especiales para la acción en grupo en el ámbito próximo o en otros lejanos. De ahí la importancia que en FUTURO tienen el aprendizaje entre pares; el encuentro y el intercambio para compartir experiencias y el orgullo por los logros, y la cooperación intercomunitaria.

Dignificar al ser humano implica reconocerlo como ser autónomo, con plena capacidad para tomar decisiones y trabajar con otros para transformar su entorno.